7 Noviembre 2006
29 Septiembre 2006
EXTRAIDO DE www.pasionrojinegra.com
Esta por demás de claro que el Pepi Zapata a lo largo de sus dos años y medio en el club se ha transformado en uno de los referentes del plantel y en ídolo de la hinchada. Hoy mientras continúa con su recuperación pensando en estar bien para realizar la próxima pretemporada, el capitán leproso habló con PasiónRojinegra sobre su vida, su presente, su futuro, sueños e ilusiones.
[ PasionRojinegra ]. — Allí en la tranquilidad de la casa y rodeado del amor de su señora y sus hijas, el Pepi empieza la charla haciendo referencia a sus dos hijos: "Milton tiene un año y medio y siempre esta atrás de una pelota pero me sorprende que nunca la agarra con la mano. Si se le va a algún rincón, trata de sacarla con el pie y seguir jugando. Si el día de mañana quiere seguir uno lo va a apoyar. Siempre pensé lo mismo con los dos, elijan lo que elijan sea deporte o estudios, que sean felices. Eso es lo más importante. Y Amanda de ocho va creciendo y disfrutando esta etapa tan linda. Así que mientras sean felices, todo esta bien".
Esa identificación que siente el hincha de Newell's con el Pepi, es algo recíproco pese a su origen platense. Pero en los chicos, la cosa está más clara: "La mas grande nació en La Plata y si le preguntas cuando esta acá te contestaría que es hincha de Newell's y cuando está allá es de Estudiantes. Y el más chico, todavía no te podría contestar pero siempre está con la camiseta de Newell's. Así que ese seguro va a ser leproso".
— ¿Como vive tu familia el cariño, el reconocimiento de la gente de Newell's para con vos?
— Bien. Se informan por los diarios y por lo que le puedo contar yo, y que ellos vean el cariño que me da la gente y lo bien que me tratan y me hacen sentir los pone bien y felices. La verdad que para alguien que llega de afuera el cariño de la gente de Newell's para conmigo y con mi familia es impagable.
— Cuándo llegaste al club. ¿Pensaste por cuanto tiempo sería?
— La verdad no se si no se me cruzo. Yo tenía la seguridad de que las cosas me iban a salir bien. Siempre creo lo mejor y no me doy por vencido en nada y estaba convencido que me iba a ir bien por esa entrega con la que encaro todo lo que hago. Pero porque soy un convencido de que día a día hay que hacer el mayor esfuerzo para que las cosas salgan bien.
Ese esfuerzo del que habla en él es una marca registrada, un Copyright Zapata que mostró en la primera pelota que tocó con la rojinegra en su debut ante Banfield en el Coloso y que le valió la primera ovación recibida. Fue en la mitad de la cancha, sobre la platea de la visera cuando fue al piso a buscar una pelota que parecía perdida y arrancó los aplausos de todos. "Cada pelota es la última, hay que entenderlo y vivirlo así. Si uno traba mal una pelota de ahí se la pueden llevar y te puede costar caro. Así que hay que ir a cada jugada como si fuera la última y dejar todo. Yo no entiendo otra forma de vivir el fútbol. Uno no puede perder nunca esa mentalidad. Es la realidad, yo lo siento de esa manera".
— Te faltan poco más de 50 partidos para los 400. Seguramente cuando te recuperes vas a pasar esa cifra. ¿Cómo y cuando crees que se puede dar esa situación?
— La verdad no lo pensé. Por mi forma de pensar pienso en ir de a poco. Yo tomo como ejemplo a Sensini que con 39 años siguió jugando a un nivel altísimo. Entonces yo creo que si uno se mantiene preparado y bien de la cabeza se puede jugar al más alto nivel muchos años. Y yo creo de esa manera.

— ¿Cuál fue el mejor momento desde que estas en el club?
— Sin dudas es aquel 12 de diciembre de 2004. Tengo cada imagen en mi cabeza. Es imborrable todo lo vivido. Cierro los ojos y me veo arriba del travesaño festejando y es algo que me encantaría volver a vivir en mi carrera. Y yo creo que acá tenemos mucho material para eso. Uno apunta siempre a lo máximo. Ese momento no me lo voy a olvidar nunca más, con un montón de sensaciones que no me voy a olvidar. La ronda en el medio de la cancha, abrazándome con amigos, la espuma en el vestuario, etc. La verdad que fue una alegría enorme haber podido compartir ese grupo de compañeros y amigos.
— ¿Cuanto costo conseguirlo y lo rápido que hay que poner la cabeza en lo que viene?
— Y si. Esto es así. Pasa el día a día volando. Lo he escuchado en varias personas y creo que es así. En el fútbol hay más tristezas que alegrías. Y las alegrías duran poco. Yo creo que eso el jugador lo tiene que revertir, pensar en positivo, no relajarse, no creer que ya se consiguió todo y hay que renovarse en todo momento y aspirar permanentemente.
Aunque está claro que nada se compara a un título, las sensaciones que se viven alrededor del clásico también son muy importantes y marcan a fuego."Sinceramente acá el clásico se vive todo el año. En la calle, en todos lados. Tanto la gente de Newell's como de Central te lo hacen saber permanentemente. Y eso me lo hicieron saber desde que pise la ciudad y eso era así. Las dos primeras cosas que aprendí cuando llegue a Rosario era que había que ganar el clásico y a manejar despacio, eso a fuerza de algunas multas (risas). Es impresionante como se vive. Nunca vi algo parecido al banderazo en la previa. Es algo único que uno no lo puede olvidar cuando pisa la cancha. En los clásicos uno tiene un plus porque sabe lo que representa.
— ¿Que vivas a metros del Coloso es casualidad?
— Si. Se dio así. Estuve cuatro meses en el hotel sin conseguir casa. Además que los chicos tengan el colegio acá enfrente es espectacular. La gente es muy buena. Tengo muy buena relación con todos los vecinos y la verdad que es un muy lindo barrio.
Claro que más allá de toda actualidad el verdadero sostén de todo futbolista, como el de la mayoría de las personas, es la familia. Y para una carrera como la del jugador profesional, es un aspecto clave y trascendente. "Creo que el apoyo de mi familia fue y es importante en todo. Y eso lo valoro mucho. Ellos se han sacrificado por mí y eso es muy importante. Me siguieron siempre, estuvieron en todo momento y eso a uno lo reconforta y le sirve un montón. Es un agradecimiento enorme y uno se lo agradece día a día.
— ¿Siempre tuviste en claro que querías ser futbolista?
— Si. Nunca imagine no ser futbolista. Desde siempre quise ser esto. Desde mi familiares hasta yo con un montón de sacrificios y esfuerzos. Sobre todo el de mis viejos que me apoyaron siempre y me alentaron para que yo hiciera y buscara lo que quería. De chico hacia atletismo y fútbol. Capaz que después de jugar un partido me iba a correr, pero después finalmente me decidí por el fútbol.
Para el final se le propone titular la nota. Ahí entre sonrisas el Pepi larga: "No tengo ni idea. Eso se los dejo a ustedes. Pero si tengo un sueño que me encantaría cumplir. No lo hablo con mis compañeros pero ahora se los digo al médico, a los kinesiólogos que lo que yo quiero es que nos hagamos fuertes en el torneo. Que sumemos la mayor cantidad de puntos ahora y en el campeonato que viene porque me quede con mucha bronca en la Copa Libertadores. A lo mejor no teníamos un equipo con tanta experiencia, pero creo que con la base que tenemos hoy quiero la revancha en la Libertadores. Por eso yo le digo a los chicos que hay que jugar cada partido como una final. Haciéndonos fuertes y formando una base sólida. Desde ahora se empieza. Y ese es uno de los sueños, poder darle la Copa Libertadores al hincha de Newell's". Así, a corazón abierto y casi sin quererlo, el Pepi le dio el título a la nota, soñando como todos los leprosos conquistar el continente futbolístico.
— ¿Cuales son las sensaciones que se viven cuando se recorren esos metros desde el vestuario hasta el césped y se encuentran con un Coloso lleno y que los ovaciona permanentemente?.
— Es impresionante y emocionante. A uno se le pone la piel de gallina. Cuando entras a la cancha, que esta toda la gente alentando y tirando papeles es único. Me ha tocado torneos en que no hemos andado bien y la gente de Newell's siempre es igual. El apoyo es incondicional. El hincha de Ñuls es único y distinto a todos. Hemos perdido tres partidos seguidos y la cantidad de gente es la misma y alienta siempre. No es que dejan de venir porque no se den los resultados. El estadio va a estar lleno igual y eso lo hace distinto.
"Me siento del club y quiero terminar mi carrera acá"
— ¿Cuál es el mejor elogio que te ha hecho un hincha?
— En general me agradecen dejar tanto por la camiseta de Newell's siendo que no nací en el club, y eso es algo que te marca y te queda. Supuestamente se cree que cuando un jugador nace en el club hay un plus extra de pertenencia, pero yo creo que el jugador se debería brindar siempre. Pero igualmente yo ya me siento del club. Hace tres años que estoy y como lo dije varias veces me gustaría terminar mi carrera acá. Realmente es un lugar donde me siento cómodo. La gente me ha dado mucho, quizás mas de lo que yo esperaba, y eso me da mas ganas de recuperarme rápido y estar dentro de la cancha para devolverle todo lo que ellos me han dado.
UN RARO SUEÑO
"Sabes que tengo un sueño. Hacer un gol de chilena. Si, de chilena. Tengo muy buena técnica para la chilena. Creo que soy el numero uno en el fútbol tenis. Creo que no tengo rivales. Es más el profe Marzo dice que me gana, pero el sabe que no tengo rivales en el fútbol tenis y que tengo muy buena técnica. Y me gustaría que alguna vez me quede una pelota flotando en el aire y lo pueda hacer. Y soy un convencido de que lo voy a concretar".
21 Septiembre 2006
"El papá de los Sinas"
Nos regaló 90 goles, 10 de ellos en los clásicos, en casi 300 partidos. ¡Trescientos partidos! Una eternidad en estos
tiempos en que más de un mocoso agrandado se besa la
camiseta y al año siguiente –alentado por el intermediario–
se va con el pase libre.
¿Alguien conoce mayor prueba de amor a la rojinegra que
vestirla tanto tiempo, en las buenas y en las malas, pese
a que Boca y River lo codiciaron, y la selección lo llamaba?
Cómo olvidar a Cucurucho Santamaría
Cómo olvidar los cortes de manga después de cada gol en
el clásico. Los desbordes de una tarde del 73, contra San
Martín de Tucumán, cuyo número 4 –Salinas, un morocho
petiso que después fue a Colón– salió mareado de la cancha,
y el baile que le dio, ese mismo año, a un pibe llamado
Tarantini, que venía con toda la prensa de su lado.
La tapa de la Goles , cuando salimos campeones en el 74 (MI MAYOR ORGULLO). Un póster con la celeste y blanca, en cuclillas,
como posaban los cracks de esos días. Poco después, la venta a Francia que todos lamentamos.El retorno en el 79, después de decirle
“no” al Boca de Lorenzo. Tres goles a los bosteros una tarde del 80 en que les hicimos cinco;
semanas después, un golazo por arriba de la cabeza del arquero, desde 40 metros , una noche en Avellaneda en que le ganamos
5 a 0 a Independiente, y El Gráfico, siempre mezquino, claudicó y le dio 10 puntos. El Mundial del 82, cuando, tras una aparición ante
El Salvador, nos regaló 26 minutos de magia frente a los brasileños. Esa tarde, Zico, Falcao y compañía nos dejaron afuera de la Copa,
pero Junior la vio cuadrada, y el responsable fue un wing de los de antes, bigotudo –como sus congéneres Causio (Italia) y Caszelli
(Chile) –, que se paraba con la pelota quieta entre las dos piernas, le amaga y se le iba por la punta.
Cómo olvidar cada desborde, por izquierda o por derecha. Y cada vez que se
paraba frente a un tiro libre, y uno olía el gol y preparaba la garganta para gritarlo.
Y cada vez que se puso el equipo al hombre, como en aquellos clásicos de comienzos
de los 80.
Es que recordar a Cucurucho Santamaría es, ante todo, un acto de justicia con lo mejor
de la tradición rojinegra, pero también una invitación a la emoción. La rica historia de
Newell's sabe de muchos nombres gloriosos, pero en él se condensa talento y coraje,
y por sobre todas las cosas una lealtad incondicional a la camiseta. A ver, hagamos
memoria, traigan algún jugador que le dijo “no” a la Selección , a River y a Boca, para
ponerse la de Newell's.
A principios del 79, Cucurucho estaba en Francia y el Toto Lorenzo lo fue a buscar para
que jugara en el Boca bicampeón de América y flamante ganador de la Intercontinental.
Pero , no pudo ser. Al poco tiempo desembarcaba en Newell's.
Dos años después, terminaba el Metro 81 y algunos jugadores se iban del parque.
“¿Sabés que River te quiere comprar?”, le preguntó el periodista radial después de un
partido. “Sí, pero para llevarme a mí van a tener que vender una cuantas gallinas”,
respondió Cucurucho. No hubo más preguntas. Era el River que meses después iba a
ganar el Nacional de la mano de Destéfano y con Gallego y Bulleri en el medio.
Pero la rojinegra tiraba más. Y, después, la selección, a la que varias veces le dijo que
no por seguir regalándonos domingos en el Parque. Hasta que lo convencieron y fue
al Mundial, y lo padeció Junior. Sí, Junior.
Cucurucho, comparados con vos muchos son enanos. Y cuando pasan los años,
tu figura crece como el aroma gol cuando sobre la raya final levantabas el centro.
Para el Mono, para Chirola Yazalde. Para cualquiera de los pibes que ayudaste
a crecer a principios de los 80.
Y recordar a Cucurucho es evocar a un wing de los de antes, sin que esto sea
nostalgia barata. La recibía corta y la dejaba muerta a cinco centímetros del pie. Amagaba con cabeza y lo que le quedaba de cintura –seamos honestos–, y
el marcador quedaba parado. Y recordar a Cucucurucho es verlo amasar la
pelota en el borde del área. El arquero rival que arma una barrera inútil.
Y la pelota yendo a la ratonera o al ángulo. Lejos, al gol.
Un día pateó un penal y el arquero lo atajó. Desde la popular lo cargaron,
sin darse cuenta de que el referí estaba ordenando que se repitiera el tiro,
porque Carnevali se había adelantado. Entonces, Cucurucho le pegó y la mandó adentro. Atrás del arco lo esperábamos para el festejo, pero él hizo un amague
y enfiló para la popular, con sus compañeros detrás –un puñado de pibes, entre
ellos, el Tata, Ramos y Viglione–, se paró frente al alambrado y les hizo un corte
de manga. Y otro. Y otro. No lo paraba nadie.
Fue el uno a uno de un clásico al que el cabezón Civarelli había llegado con el arco invicto,
y cuando ellos se pusieron en ventaja lo gastaban gritándole: “Pobre, pobre, Civarelli lo
c... otra vez”.
Pero, la Lepra tenía el ancho de espadas, el vengador Cucurucho. Y en el segundo
tiempo hubo foul a más de 20 metros del arco. Se tomo un rato para ponerla en el piso,
y mientras lo hacía alzó la vista. Ahí, eligió el palo.
Tomo una carrera larga y le pegó. La pelota se metió abajo, en la ratonera del arco
que da al Hipódromo. Y él no buscó la platea leprosa, enfilo para la popular.
Y otra vez el corte de manga.
Como tantas veces, los empujamos de la cancha antes de los 90 minutos, mientras,
todo el Parque gritaba “Pobre, pobre, Carnevali, Cucurucho lo c...”.
Fue un 7 de marzo del 82. A la noche había bailes de Carnaval.
En Provincial, cada vez que se detenía la música, se escuchaba “pobre, pobre
Carnevali”.
Y un día Cucurucho dejó Newell`s. Y, mirá que pasaron cracks, que se ganaron el
corazón de la gente y nos dieron campeonatos. Pero como él, que querés que te
diga, pocos.
Se fue en el 83. Pero jamás dejó la gloriosa rojinegra.
La lleva bajo la piel.
Por eso lo queremos tanto.
Extraido de :
http://www.soyleproso.com
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